-A pesar de todo, Robet… Viejo amigo mío, tus cabellos ya pintan el color gris brilloso y nacarado aquel de los que alguna vez tuve, y los años ya te pesan en los parpados, y tus ojos, que una vez lucían esa luz especial, se opacan con los días que recorren. Amigo, tu culpa es tanta como la mía.
Pero Robert… ¿Sabes en que diferimos?, yo sigo, calvo y lento por el pasillo de paredes leprosas, con la frente en alto, y la espalda giba, las piernas frágiles, pero respiro en tranquilidad esta atmósfera febril y sombría… Y la respiro, querido Robert, con la sencillez de un alfarero al terminar su obra, porque, quiera o no, esta es mi obra, gústeme o no.
Y se encendió nuestro alrededor, los olores amargos de esencias putrefactas volvían a nuestras mentes, intimidando cada gramo de valentía que nos quedaba de orgullo intenso, que se iba apagando en contrariedad a las llamas que crecían. Bajó su cabeza sofocando una muestra de dolor herido e insatisfacción, y volvió a mirarle atenuante y decidido a convencer con su punto, pero calló a su ego, y dejó que sus palabras afloraran libres y sin razón, de todas formas, sabíamos todos desde el principio, que aquel sería el día de nuestro entierro.
Cerró sus ojos, y se volteó despacio para mirar su rostro de reojo en el espejo, y apreció debajo de más de un par de arrugas, a un viejo solitario y aislado y sonrió tímido ante la perplejidad tan marcada en su acento, que le emanaba hasta por los poros, dibujando las líneas de su rostro, que ahora envejecidas, mostraban el transcurso de un infante masacrado en su interior que fue creciendo.
- No me hagas mirar el pasado
Solo así dijo, simple, cortante y fugaz.
-Cada año Jeff, vengo a sacarte de la miseria; cada año te busco de esquina a esquina, rastreando tus pasos castos de sencillez, pero nunca había dado contigo.
Corrió con pesadez la mesa que tenía al lado y pasó sus dedos sacudiendo el polvo que agrumado dejaba marcas en el cristal.
-No tenías porque, si esperabas un agradecimiento, no lo obtendrás de mí Robert, claramente había dejado escrito entre la arena que me iba a marchar, que me iba para jamás regresar, que prefería sequía a llenura sin sabor… Y es que, aun prefiero Robert, morirme entre la miseria que volver a revivir todo lo que dejé atrás.
Apreté los puños a mis costados con una fuerza banal, ya ningún esfuerzo era suficiente para lograr expresar mi ira, después de todo, solo hacía parte de un pequeño escenario en una obra teatral, a la cuál no quería asistir.
- ¡No puedes hartarte de todo y simplemente irte!, es solo testarudez tuya, ¡podrías a ver triunfado!, podrías….
-Podría a ver dejado todo lo que era a un lado, ¿verdad?, podría a ver dejado todo, por un nada, por una modalidad simplista de pensamiento en que todos marchamos por un mismo lugar.
Su ira aumentó funesta, y revocó todo esfuerzo de contención que pudiese habitar en él. Se levantó ipso facto, caminando de un lado a otro, tensionado, fúrico de tanta perplejidad que le producía el hecho de negación total de su amigo de infancia.
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